Revista de Estudios Europeos

INSTITUTO DE ESTUDIOS EUROPEOS

Mirosława Kubas-Paradowska
Instituto Polaco de Cultura

Kinga Ágnes G. Nágy
Embajada de Hungría

Maria Floarea Pop
Instututo Cultural Rumano

Stanislav Škoda
Centro Checo

 

Revista de Estudios Europeos, n. 76, julio-diciembre, 2020, 69-76, ISSN 2530-9854

 

 

El año 1989 es, sin duda, una fecha que ha merecido un lugar en todos libros de historia de Europa y del mundo1. Fue entonces cuando empezó el derrumbe de un sistema geopolítico bipolar creado como resultado de la Segunda Guerra Mundial. Desde 1945, los dos bloques, soviético y occidental, se miraban con desconfianza, con hostilidad y rivalizaban entre ellos en todos los campos: militar, económico, y hasta deportivo. A principios de los años ochenta nada parecía poder cambiar tal situación, pero una serie de factores llevó a un sorprendente desarrollo de acontecimientos, cuyo resultado final fue el desmantelamiento del bloque soviético y, en breve, la caída de la misma Unión Soviética. No obstante, el año 1989 no solo trajo el fin del mundo dividido en dos, sino -y lo que es más importante- el mismo año cayó un sistema totalitario que dejaba atrás decenas de millones de víctimas en todo el mundo, especialmente en los territorios donde había logrado extenderse: en China, en Europa Central y Oriental, y en la misma URSS. Es importante hacer hincapié en que los principales protagonistas de este proceso en Europa fueron, inesperadamente, países como Polonia, Checoslovaquia, Hungría o Rumanía, sometidos al dominio soviético a raíz de los acuerdos de la Conferencia de Yalta en febrero de 1945.

La suerte y las experiencias de cada uno de estos países fueron diferentes durante los 45 años de su pertenencia al bloque oriental y, también, diferente fue el camino de cada uno de ellos hacia la democratización. Podríamos, de hecho, hablar de historias paralelas, pero no necesariamente parecidas. Estas historias siguen siendo relativamente desconocidas en Occidente, con la excepción de un par de hitos históricos, como la Revolución Húngara en 1956, la Primavera de Praga en 1968 o el nacimiento del movimiento de Solidaridad en Polonia en 1980. No obstante, la realidad fue mucho más complicada y faltan todavía estudios más pormenorizados en castellano, para dar a conocer el panorama histórico, social, económico y cultural de toda esta parte de Europa.

El ingreso en la UE de Chequia, Hungría y Polonia en 2004 y de Rumanía en 2007, ha servido para estrechar los contactos entre estos países y los de la denominada “vieja” unión hasta un punto nunca conocido antes. La apertura de la fronteras fomentó tanto los movimientos migratorios -temporales y permanentes- como el turismo o la movilidad de estudiantes. Estos dinámicos fenómenos sirvieron para lograr una mejor incorporación de los nuevos miembros en la UE, gracias, entre otras cosas, a varios tipos de intercambios económicos o culturales. En estos años, Chequia, Hungría, Polonia o Rumanía han dejado de ser una tierra incógnita -resultado de quedarse durante décadas tras el Telón de Acero-, y se han convertido en interesantes destinos para la inversión, el turismo o los estudios. Por supuesto, también, empezaron a ser el foco de atención de la gente más curiosa, ávida de conocer nuevas lenguas y culturas hasta hace poco bastante desconocidas en España.

Las actividades de los Institutos de Cultura y de los Agregados Culturales de Chequia, Hungría, Polonia y Rumanía tienen como objetivo precisamente dar a conocer la compleja y variopinta realidad cultural e intelectual de cada uno de estos países. En los últimos años el término “diplomacia” ha ampliado su significado y, sin dejar su tradicional rol en las negociaciones políticas o comerciales entre los gobiernos, ha abarcado también el importante sector de la cultura2. Hoy en día, muy pocos Estados pondrían en duda la enorme importancia y utilidad que estas actividades, dirigidas al público en general, tienen para construir buenas relaciones bi y multilaterales, basadas en un mejor entendimiento mutuo a nivel de comunidades o sociedades enteras, y no sólo entre los líderes políticos. Es por ello que, tanto desde las Embajadas como desde los Institutos de Cultura, se impulsan diferentes acciones, cuyo objetivo es fomentar el conocimiento del país, así como el interés por su cultura en todo tipo de públicos.

Las trayectorias en España de cada una de las cuatro instituciones de los países mencionados dirigidas a tal efecto -Centro Checo, Agregaduría de Cultura de la Embajada de Hungría, Instituto Polaco de Cultura e Instituto Cultural Rumano- son diferentes.

El Centro Checo de Madrid, en realidad un Instituto de Cultura, fue fundado en 2004. Forma parte de una red de 25 centros checos distribuidos por todo el mundo, pero con una presencia especialmente destacada en los países europeos. La misión de los Centros Checos es desarrollar el diálogo con el público extranjero y apoyar la presentación activa de la República Checa en los ámbitos de la cultura, la ciencia, la educación, el comercio y el turismo. El Centro Checo de Madrid es miembro de EUNIC (European Union National Institutes for Culture) desde el momento de su fundación.

El Centro Checo tiene como principal objetivo presentar en España la cultura checa en su sentido más amplio: consideramos como “lo checo” no solo las obras artísticas e intelectuales relacionadas directamente con el idioma checo o con la etnia checa y su historia, sino también las culturas judía, germanoparlante, la gitana y de otras minorías que vivían y formaban la vida social, económica y cultural en el actual territorio de la República Checa.

Asimismo, el Centro Checo considera muy importante traer los temas de la historia moderna de su país. El cruce histórico del año 1989 fue recordado en la exposición que tuvo lugar en el Congreso de los Diputados de España, dedicada a la Revolución de terciopelo y a su protagonista principal, el primer presidente de Chequia Václav Havel, entre otros proyectos académicos y artísticos realizados en distintas ciudades en la península Ibérica. 

El Centro Checo colabora con instituciones españolas de prestigio como el Círculo de Bellas Artes, La Casa Encendida y Matadero de Madrid, entre muchas otras; manteniendo una relación artística muy especial con el Teatro Real.

Muchos artistas o movimientos artísticos de Chequia o Checoslovaquia gozan tradicionalmente de mucho interés y respeto en España. La nueva ola checoslovaca de cine, representada por nombres como Miloš Forman y Jiří Menzel; el cine de animación de Jiří Trnka, Jan Švankmajer y Michaela Pavlátová; los libros de Jaroslav Hašek, Bohumil Hrabal y Milan Kundera; las artes plásticas, especialmnete el arte en vidrio, entre otros, son muy exitosas y han logrado una gran popularida entre los españoles. El objetivo del Centro Checo de Madrid es también acercar al público temas relacionados con el arte joven, las nuevas tecnologías, el arte interactivo y los proyectos multidisciplinares, para que el público de toda España conozca lo más fresco y actual del corazón de Europa, como suelen llamar a la República Checa.

La Agregada de Cultura y Educación de la Embajada de Hungría realiza la labor cultural y educativa bajo las alas de la red del Instituto Cultural Húngaro (anterior Instituto Balassi), que incluye 24 Institutos Culturales y 8 agregadurías por todo el mundo. Para dar a conocer y difundir la lengua y literatura húngara, se inauguró en 2015 el primer lectorado húngaro en la Universidad Complutense de Madrid. Con el fin de ampliar la red de lectorados, actualmente se está trabajando para abrir más en otras ciudades españolas. El hispanismo está muy presente en Hungría y gracias a la excelente labor de los hispanistas las relaciones entre las Universidades siguen desarrollándose. A parte de mostrar la riqueza y el patrimonio cultural de Hungría, la agregaduría se enfoca en estrechar las relaciones entre las instituciones tanto culturales, como educativas de los dos países. Por este motivo, han estado presentes en casi todas las áreas de cultura, no solo en la capital sino en otras ciudades también. Aprovechando los éxitos de los últimos años del cine húngaro, han colaborado con los festivales de España. Gracias a los conciertos ofrecidos por los músicos más renombrados de Hungría tenían la oportunidad de dar a conocer la rica cultura de la música clásica húngara. El interés hacia Budapest, como destino turístico, ha aumentado enormemente en esta década. La exposición “Obras maestras de Budapest, Del Renacimiento a las Vanguardias”, que presentaba la colección española del Museo de Bellas Artes de la capital húngara, así como la de “Victor Vasarely. El nacimiento del Op-Art” fueron presentadas con mucho éxito en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, ambas dejando a la vista nuestras raíces comunes. Existen varias personalidades originarias de ambos países que se influyeron mutuamente. Por ejemplo Hungría comparte con España a tres fotógrafos, a Capa, a Müller y a Gyenes, que dejaron su huella en el mundo de la fotografía, además de varias relaciones históricas, entre las cuales basta con mencionar al Rey húngaro Ferdinand II., nacido en Alcalá de Henares o a Violante de Hungría, que era la mujer de Jaime I de Aragón.

A parte de la presencia cultural, la intención de la agregaduría es involucrar los expertos húngaros de diferentes áreas en el mundo científico español. Por este motivo y apoyando dicho fin, en 2020, dentro del marco del programa de becas Klebersberg, se prevé la llegada de historiadores húngaros para profundizar en las investigaciones en temas históricos menos conocidos y poco explorados hasta ahora.

El Instituto Polaco de Cultura en Madrid es uno de los 25 centros de este tipo activos en el mundo. Fue inaugurado en 2009 para reemplazar la agregaduría cultural de la Embajada de Polonia en España y, cómo no, el año pasado celebramos los diez años de nuestra actividad en España. Fue una década de crecimiento, repleta de proyectos e iniciativas de carácter diferente, llevados a cabo tanto en la capital española como en las diferentes comunidades autónomas. Su principal misión se centra en la promoción del patrimonio cultural polaco -literatura, artes visuales, música, cine, teatro, historia y ciencia- en España. Desde 2018 se realizan también cursos de idioma polaco en Madrid, una apuesta que ha resultado ser muy exitosa, debido a la creciente demanda de su aprendizaje por parte de los españoles.

En los últimos años se puede observar un auténtico aumento de interés por la cultura polaca en todo el mundo, cuyo prueba podría ser, por nombrar solo un ejemplo, el Premio Nobel de Literatura, otorgado recientemente a la escritora Olga Tokarczuk. También en España, este interés ha ido creciendo en las últimas décadas. Cada año aparecen más traducciones de la literatura polaca al español. Los músicos, compositores y directores de orquesta provenientes de Polonia encuentran una gran apreciación entre el público ibérico, así como los artistas o directores de teatro. También, los cineastas polacos gozan de una recepción más que favorable en España; desde el inicio del siglo los directores Roman Polański y Paweł Pawlikowski han ganado en tres ocasiones el Premio Goya a la mejor película europea. El Instituto Polaco de Cultura desde hace años organiza anualmente en colaboración con las Filmotecas Regionales el ciclo “CinePOLSKA” que presenta las producciones más recientes de la cinematografía polaca.

Cabe destacar asimismo una serie de exposiciones de arte polaco y de colecciones polacas organizadas en las últimas dos décadas en colaboración con instituciones de la talla del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Fundación Banco Santander, Fundación Mapfre o el Círculo de Bellas Artes, entre muchos otros. Un gran éxito fue la iniciativa conjunta hispano-polaca gracias a la cual en 2011, año de la Presidencia de Polonia en la Unión Europea, se organizaron dos exposiciones paralelas en el Museo Nacional de Cracovia y en el Palacio Real de Madrid, en las que se expusieron los tesoros más preciados de las colecciones artísticas de ambos países. Merece la pena señalar aquí que uno de los objetivos del Instituto Polaco de Cultura es poner en contacto a los creadores e instituciones de Polonia y España, con el propósito claro de fomentar proyectos conjuntos de talla internacional. Otro buen ejemplo de las confluencias entre ambos países fomentadas y promocionadas por el Instituto Polaco de Cultura fue la coproducción teatral Hijas del aire. Sueño de Balladyna, acogida con entusiasmo tanto en Polonia, como en el Festival Internacional de Teatro Clásico en Almagro en 2019.

Tal vez el indicativo más llamativo de la recepción y del reconocimiento de las varias manifestaciones de cultura polaca en España podrían ser las recientes decisiones del jurado del Premio Princesa de Asturias. Entre 2017 y 2019 este galardón ha sido otorgado consecutivamente: al poeta y ensayista Adam Zagajewski, en la categoría de Letras; al himalayista Krzysztof Wielicki en la categoría Deporte, y a la ciudad de Gdańsk, cuna del movimiento de Solidaridad, en la categoría Concordia. Todos ellos se sumaron a personajes de la talla del compositor Krzysztof Penderecki, al escritor y periodista Ryszard Kapuściński o al sociólogo Zygmunt Bauman, quienes también obtuvieron este prestigioso premio a lo largo de este siglo.

Por supuesto, la vinculación cultural entre Polonia y España arraiga en tiempos que van más allá de los últimos 20 o 30 años. Estas relaciones, las podemos encontrar siglos atrás, en La vida es sueño de Pedro Calderón de la Barca, o en la famosa poesía renacentista polaca dedicada al turolense Pedro Ruiz de Moros, un intelectual español en la corte de Polonia. Sirva de curiosidad que la mujer de Alfonso VII El Emperador y la de Carlos III de Borbón eran ambas hijas de monarcas de Polonia. El recuerdo de los contactos históricos de diferente índole -política, económica o cultural- entre los dos países siempre sirve de puente entre el pasado y el presente, enriqueciendo significativamente las actividades actuales del Instituto Polaco de Cultura en España.

Rumanía y España tienen enormes lazos en común y su hermandad cultural e histórica marcó muchos siglos y épocas. Desde el punto de vista formal, en 2021 se cumplen 140 años de relaciones diplomáticas, que contribuyeron a profundizar el recíproco conocimiento de los dos pueblos. Un papel importante de diplomacia cultural y puente entre las dos culturas juega el Instituto Cultural Rumano de Madrid, que es una de las 18 representaciones del Instituto Cultural Rumano a nivel mundial y cuya misión es la promoción de la lengua y de la cultura rumana en España. La representación del Instituto Cultural Rumano en Madrid lleva desarrollando su actividad en España desde 2006, gozando del aprecio y del amplio reconocimiento del público, gracias a los programas, proyectos y eventos organizados a lo largo de estos años, en los que se ha podido comprobar un cada vez mayor acercamiento de las dos culturas. El Instituto Cultural Rumano de Madrid gestiona también una biblioteca abierta al público, con miles de libros en español y rumano, periódicos y materiales multimedia.

Como promotor de la lengua rumana en el extranjero, el Instituto Cultural Rumano de Madrid organiza desde sus primeros años de actividad, cursos de rumano en su sede de Madrid, desde el año 2014 también en Barcelona, desde el 2016 en Valencia y a partir del 2019, ofrece asimismo cursos online. Además, desarrolla una intensa actividad en la organización de proyectos culturales en varias disciplinas, atesorando el trabajo de predecesores como Alexandru Busuioceanu o George Uscătescu, infatigables estudiosos de nuestra herencia común y promotores de los cambios culturales hispano-rumanos. Con este fin organiza, entre otros, eventos dedicados a la promoción de la literatura rumana traducida al español: en los últimos diez años se han publicado más de 150 traducciones del rumano al español, de las cuales algunas han sido posibles gracias a la financiación de dos programas de proyectos editoriales gestionados por el Instituto Cultural Rumano a través del Centro Nacional del Libro, el TPS [Translation and Publication Support Programme] y el Publishing Romania, creados en 2006 para apoyar la traducción y la edición por parte de editoriales extranjeras de autores rumanos. Se han traducido títulos de autores contemporáneos, pero también clásicos. Entre los autores contemporáneos que han gozado de muy buena acogida en el mercado editorial español, se encuentran Herta Müller, Premio Nobel 2009; Mircea Cărtărescu, galardonado con el Premio Formentor de las Letras 2018; Ana Blandiana, con más de cincuenta volúmenes de poesía traducidos a 24 idiomas; Tatiana Țibuleac, Premio Cálamo «Libro del año 2019" y Premio Las Librerías Recomiendan 2020; Norman Manea, premio FIL en Lenguas Romances 2016; y Gabriela Adameşteanu o Dan Lungu, que completan la larga lista de autores clásicos conocidos en traducción por el público español, así como Mihai Eminescu, Emil Cioran, Mircea Eliade, Eugen Ionescu, Max Blecher, Liviu Rebreanu, Tristan Tzara, Mihail Sebastian, Nichita Stănescu, Paul Celan, entre muchos otros.

Asimismo, el Instituto participa en varias ferias de libros, entre las que podemos destacar su participación desde 2007 en el Liber (en 2011 como país invitado), desde 2012 en la Feria del Libro del Parque del Buen Retiro, y en la Feria del Libro de Guadalajara en México. Una de las mayores operaciones de diplomacia cultural del Instituto Cultural Rumano de Madrid ha sido la participación como país invitado en la Feria del Libro de Retiro en 2018, en ocasión del Centenario de la Gran Rumanía, con una serie de más de 100 actividades multidisciplinares en las cuales participaron 50 autores contemporáneos con un amplio eco en la prensa española.

El cine rumano de las dos últimas décadas está considerado como el más interesante movimiento cinematográfico del cine europeo. Como lo define Mungiu, uno de los protagonistas de la “Nueva Ola del cine rumano”, se trata de un cine honesto, simple, directo, con pocos recursos, realista, inspirado en la vida y realidad sociales. Directores como Tudor Giurgiu, Cristi Puiu, Cristian Mungiu, Corneliu Porumboiu, Radu Jude, galardonados con premios en los más importantes festivales internacionales de cine, son muy conocidos en España, gracias también a la Muestra de Cine Rumano organizada cada año por el Instituto Cultural Rumano en varias ciudades españolas, y al apoyo ofrecido para la presencia del cine rumano en los más grandes festivales de cine de España.

Además, nombres como Brâncuși, Tonitza, Nicolae Grigorescu, Ion-Popescu Gopo, Lucian Pintilie, George Enescu, pianistas como Radu Lupu o Clara Haskil, directores como Sergiu Celibidache y Sergiu Comissiona, son ya parte del horizonte común de aprecio del valor artístico, confirmando que, el arte, el cine y la música ocupan un lugar privilegiado en las relaciones hispano-rumanas, al igual que la aportación de la ciencia, la historia y la tecnología.

Más allá de realizar sus propios proyectos, las cuatro instituciones colaboran activamente en el campo cultural no solo entre ellos mismos, sino también con diferentes instituciones de otros países. Hay que destacar su participación en el cluster español de EUNIC (European Union National Institutes for Culture), una iniciativa que reúne a los Institutos y Agregadurías Culturales de los países miembros de la Unión Europea y que cada año lleva a cabo proyectos de carácter transversal y multinacional 3. De esta forma se facilita la presentación de la doble vertiente de cada una de las culturas, tanto en su idiosincracia única y particular, como en la colectiva, ya que forma parte del conjunto de culturas europeas. Es, sin duda, la iniciativa más importante para subrayar la gran riqueza de las culturas de nuestro continente, destacar su importancia en el mundo actual y fomentar un fructífero diálogo entre ellas.

Sin embargo, todos estos esfuerzos nunca pueden dar buenos resultados, si no se cuenta con colaboradores locales que acogen con brazos abiertos las diversas iniciativas. Gracias a estas colaboraciones nacen proyectos de gran envergadura y alcance, en los que la oferta cultural y la demanda se complementan para conseguir efectos duraderos.

El presente volumen es fruto de una de estas confluencias, realizadas conjuntamente por el Centro Checo, la Agregaduría Cultural de la Embajada de Hungría, el Instituto Polaco de Cultura y el Instituto Cultural Rumano, con una inestimable colaboración y siempre buena disponibilidad de la Universidad de Valladolid y, más concretamente, del Instituto de Estudios Europeos (IEE) y del Museo de dicho Ateneo. Hay que precisar que se trata de un resultado más en una fructífera serie de colaboraciones con el IEE. Hace tan solo medio año, en la sala de conferencias de esta prestigiosa institución, resonaron las palabras que reproducimos a continuación. Paralelamente, en el Museo de la Universidad de Valladolid se exponía la exposición fotográfica que relataba los acontecimientos de aquel año crucial en Rumanía, Checoslovaquia y Polonia.

Es importante recalcar que este proyecto conforma una suerte de bisagra que encierra el periodo de las dos últimas décadas. Todavía durante las negociaciones de Chequia, Hungría, Polonia y Rumanía con la UE, en los años 2000-2004, el Instituto de Estudios Europeos organizó una serie de jornadas y seminarios internacionales, en los que se analizaba la situación y las experiencias de estos países, así como los retos que iban a enfrentar una vez incorporados. El fruto de estos encuentros, aparte del importante intercambio de opiniones y el fomento de contactos universitarios, fueron varias publicaciones que presentaron a la comunidad académica española el amplio espectro de visiones y posturas, y proporcionaron una importante cantidad de información relevante acerca de la situación en los países del antiguo bloque soviético.

Es por ello que el presente volumen se podría ver como la continuación de todas aquellas iniciativas e, incluso, como una forma de colofón que parte de una reinterpretación de los acontecimientos de 1989 y sus diferentes consecuencias en estos cuatro países. Esta perspectiva se entrelaza con la evaluación de las experiencias de los primeros años como miembros de la Unión Europea y la postura de Chequia, Hungría, Polonia y Rumanía frente a los nuevos retos y peligros de todo el continente en el umbral de la tercera década del siglo XXI.

 

Mirosława Kubas-Paradowska (Instituto Polaco de Cultura), Kinga Ágnes G. Nágy (Embajada de Hungría), Maria Floarea Pop (Instututo Cultural Rumano), Stanislav Škoda (Centro Checo)