Revista de Estudios Europeos

INSTITUTO DE ESTUDIOS EUROPEOS

Ivan Jančárek
Embajador de la República Checa

 

Revista de Estudios Europeos, n. 76, julio-diciembre, 2020, 132-133, ISSN 2530-9854

 

 

Siempre es un gran orgullo para mí poder compartir mi visión de Europa con expertos, pero especialmente con aquellos que están interesados en nuestra región. No llevo viviendo mucho tiempo en España, pero durante ese tiempo he descubierto que, aunque estamos un poco más cerca el uno del otro que en 1989, o incluso en 2004, aún se puede sentir la distancia de más de 2500 km. Sin embargo, esto no nos impide recibir más turistas checos y españoles a nuestros países cada año. Solo en 2018, el número oficial fue de alrededor de 300.000 en total. Pero no es una cifra real, gracias a Schengen y servicios compartidos como Airbnb, decenas de miles de personas no pudieron ser contabilizadas. Es esta posibilidad de viajar libremente y estudiar gratis en el extranjero, programa Erasmus incluido, lo que la mayor parte de la gente en la República Checa estima como el mayor logro de una Europa libre.

Es interesante que si comparamos las transiciones democráticas en Chequia y España, parecen muy similares aunque, al mismo tiempo, muy diferentes. Poco después de sendas transiciones, ambos países se unieron a la OTAN, España en 1982 y Chequia en 1999. Sin embargo, en nuestro caso sin un referéndum, que sí se produjo en España. Checoslovaquia como unidad estatal no sobrevivió al regreso a la democracia. Desde noviembre de 1989 solo hemos adoptado cambios constitucionales, pero no una nueva Constitución en su conjunto. Esto pudo haber conducido a la partición de Checoslovaquia, en que se utilizaron los instrumentos legales de la Ley Constitucional sobre la Federación de 1968, lo que llevó al establecimiento de la República Checa y la República Eslovaca. Por el contrario, España adoptó una nueva Constitución y confirmó la integridad territorial del Estado.

España se unió a la UE nueve años después del inicio de la transición democrática. La República Checa lo hizo a los once años. En esta ocasión, Chequia aprueba su membresía en un referéndum con una gran mayoría, aunque su población tiene una visión relativamente crítica con el funcionamiento de la Unión, y España se convierte en miembro sin referéndum y se describe como uno de los países más proeuropeos. Una comparación que puede evocar un debate interesante.

Sin embargo, no solo tenemos la oportunidad de discutir lo que significa ser proeuropeo, sino que también tendremos que lidiar con la partida de Gran Bretaña y el nuevo orden mundial global. El mundo de hoy es completamente diferente al de 1989, e incluso diferente al de 2004. Desafortunadamente, esta no es la mejor comparación en términos económicos para Europa, pero la Unión Europea sigue siendo un territorio donde millones de personas quieren reubicarse. ¿Cómo podemos lograr esto para no perder nuestra identidad, nuestras raíces históricas y culturales? Otro desafío importante es el cambio climático, donde encontramos una voz europea común, con una mayoría de los europeos conscientes de los peligros, pero en la que existe una preocupación generalizada por los efectos económicos. Además, ¿podrá Europa, y por lo tanto la UE, lograr que otras regiones del mundo se unan a los esfuerzos necesarios para hacer frente a esta grave crisis climática?

Son preguntas a las que deberíamos estar buscando respuesta, y estoy seguro de que será interesante comparar nuestros puntos de vista dentro de Europa, que serán diferentes, pero al mismo tiempo intentaremos encontrar un consenso.

La búsqueda de un camino intermedio para un mayor desarrollo de la sociedad por medios pacíficos mientras se mantiene un estado económico sostenible es el mayor intercambio de divisas de la Unión Europea.

Muchas gracias a la Universidad de Valladolid, al IEE y, especialmente, a su jefe, don Guillermo Á. Pérez Sánchez.

 

Ivan Jančárek
Embajador de la República Checa